
No persigo solidaridad en mi desdicha.
Ya nunca encontraré comprensión.
Cuando al principio la busqué era el amor por la virtud,
los sentimientos de felicidad y afecto que rezumaba todo mi ser,
lo que deseaba compartir...
Pero ahora que aquella virtud
se ha transformado en una sombra,
y la beatitud y el afecto han derivado,
en un desespero mordaz y resentido.
¿Dónde iba hallar simpatía?
Me conformo con sufrir solo,
mientras duren mis padecimientos.
Cuando muera, no me importará
que la abominación y el oprobio enturbien mi memoria.
En un tiempo confié ilusoriamente en conocer a gentes
que perdonando mi apariencia externa,
me querrían por las excelentes cualidades
que era capaz de desarrollar.
Alimentaba elevados pensamientos de honor y lealtad...
Pero hoy el crimen, me ha denigrado
por debajo del animal más mezquino...
No existe ninguna culpa, ninguna fechoría,
ninguna ruindad, ningún agravio comparables a los míos.
Cuando repaso el espeluznante catálogo de mis pecados,
apenas puedo creer que sea la misma criatura
cuya mente colmaron un día visiones sublimes
y trascendentes de belleza y la majestad del bien.
Más siempre ha sido así,
el ángel caído se convierte en un diablo malévolo.
No obstante, incluso ese enemigo de Dios y de los hombres
tiene amigos y aliados en su aflicción;
YO ESTOY.......SOLO.